DESARROLLAN ESTUDIANTES DE LA UNAM CONDENSADORES DE HUMEDAD

Un equipo multidisciplinario de jóvenes universitarios, encabezado por Augusto Sánchez Cifuentes, profesor de la Facultad de Ingeniería (FI) de la UNAM, desarrolla condensadores de humedad, también llamados “atrapanubes”, con la meta de suministrar agua potable a comunidades del país.
Está iniciar surgió como respuesta a que hay regiones sin infraestructura hidráulica y poblados donde la gente debe caminar kilómetros para llevar un par de cubetas de agua a sus hogares.
La concepción básica de este tipo de dispositivos es obtener el recurso a partir de la humedad o vapor presente en el aire, al colocar una superficie a la llamada “temperatura de punto de rocío”, para que el líquido se condense en ella.
Ese fenómeno ocurre de forma natural en las mañanas frías, sobre los toldos de los autos, el pasto o los vidrios, donde vemos la condensación de la humedad del aire debido a la disminución de temperatura durante las noches.
El ingeniero explicó que siempre existe vapor de agua en el aire, porque pasa por cuerpos como lagos, mares o ríos y en su viaje absorbe humedad. Recuperar ese líquido depende de las condiciones climatológicas, como las humedades en el aire y la relativa a la temperatura y el viento.
En la primera fase del proyecto el equipo determinará esas correlaciones. Hay zonas con mucha neblina, como Cumbres de Maltrata, Veracruz, pero también con agua; la meta entonces es atrapar nubes donde hay poco recurso hídrico.
Para sus estudios los universitarios utilizan la clasificación climatológica de la Comisión Nacional del Agua, que define seis climas para toda la República y desarrollan una base de datos por estado y municipios, con factores como altitud, humedad y días de niebla.
En los prototipos de condensadores desarrollados hasta el momento se han empleado materiales de fácil obtención y bajo costo, los que se utilizan en el campo para sombrear cultivos y que, incluso, pueden ser de reciclaje: tubos tipo conduit y mallaraschel.
Se cuentan con tres modelos: un atrapanubes plano (el más eficiente); uno en forma de “M” (el más estable), con la finalidad de aumentar el área de contacto entre el aire y la superficie y alcanzar mayor condensación; y otro en forma de un prisma cuadrangular invertido, como un embudo.
El área de las mallas mide en cada caso 2.5 metros cuadrados y las estructuras donde se colocan hasta dos metros de altura, con canaletas y depósitos recolectores.
Ahora, el equipo analiza la eficiencia de las diferentes aberturas de la malla –de color blanco para disminuir la evaporación–: 35, 50, 60 y 70 por ciento, de más a menos abierta, en diferentes climas.
Con esos prototipos, los jóvenes han hecho mediciones en Huehuetoca, Estado de México; Izamal, Yucatán; Temixco, Morelos, así como la propia Ciudad Universitaria. Han obtenido los mejores resultados en tierras yucatecas.
Una vez que se cuente con el prototipo ideal para cada sitio, se planea elaborar manuales de construcción a fin de que la gente arme sus condensadores en casa, finalizaron.

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