¿Sabías que la UNAM puede monitorear la actividad del Sol?

Desde hace algún tiempo, se ha hablado de las afectaciones posibles de las tormentas solares en la salud humana; sin embargo, hasta ahora no ha habido estudios concluyentes al respecto.

Lo que sí está comprobado es el daño causado a satélites, telecomunicaciones y ductos subterráneos; esto se traduce en reducción del tiempo útil de estos artefactos, en pérdidas económicas, y en alteraciones a la señales.

Es por lo anterior que especialistas del Departamento de Rayos Cósmicos del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM, a través del Servicio de Clima Espacial México (SCiESMEX), monitorean la actividad solar: viento, magnetósfera, ionósfera y termósfera, durante los periodos más dinámicos que podrían afectar, en particular, tecnologías como los generadores de energía eléctrica, sistemas de telefonía y la órbita de los satélites. 

De acuerdo con Luis Xavier González, integrante del proyecto, el clima espacial es toda la influencia que tienen las emisiones de la actividad del Sol en nuestro planeta; varía según el ingreso de las partículas a la Tierra, porque tenemos el campo geomagnético, además de la atmósfera, que funciona como un escudo capaz de desviar y atenuar gran cantidad de partículas.

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Foto: DGCS UNAM

El Sol, indica, tiene un ciclo promedio de 11 años, durante los cuales pasa de máximo a máximo; es decir, el incremento de manchas solares que tiene la fotósfera: entre mayor es el número, mayores son las posibilidades de explosiones o emisiones de este astro. En la actualidad, los eventos eruptivos son cotidianos. 

Entre 1989 y 2003, ocurrieron dos fuertes explosiones en el Sol. La primera provocó un apagón al norte de Quebec, Canadá; dejó a seis millones de personas sin energía eléctrica por nueve horas. El segundo caso fueron las denominadas Tormentas de Halloween, ráfagas que emitieron intensas nubes de plasma que interrumpieron las telecomunicaciones en Suecia.

A partir de esos eventos, surgió un interés mundial para crear sistemas de alertas y estudios del clima espacial. De este modo, se podrían conocer a detalle los comportamientos del Sol, así se podrían determinar erupciones solares y la cercanía de tormentas al planeta. 

En México, la tarea comenzó en 2014 cuando se creó el SCiESMEX, con sede en el campus del Instituto de Geofísica de la UNAM, campus Morelia. En 2016 surgió el Laboratorio Nacional de Clima Espacial (LANCE). Este año ha iniciado el proyecto Repositorio Institucional de Clima Espacial para reunir los datos captados por los equipos de monitoreo en tiempo real, con información incluida en la red de instrumentos de esta casa de estudios y de observatorios internacionales con acceso público.  

La red de instrumentación de clima espacial está constituida por el Observatorio de Centelleo Interplanetario Mexart, en Coeneo, Michoacán; el Observatorio Magnético de Teoloyucan, Estado de México; y el Observatorio de Rayos Cósmicos de la Ciudad de México (Instituto de Geofísica), ubicado en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, entre otros.

Para Rayos Cósmicos se cuenta con registros históricos a partir de 1990 y han liberado el repositorio de datos a toda institución que lo requiera. El SCiESMEX está inscrito a la red International Space Environment Service (ISES), que reúne todos los servicios de clima espacial del mundo.

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