¿Para qué medir la radiación solar?

La emisión de energía o partículas que viajan a través del espacio es conocida como radiación; en el caso de los rayos que emite el Sol, se trata de energía liberada por esta estrella, la cual llega a todos los planetas, con mayor  o menor intensidad según su distancia y características, y pueden ser visible, infrarrojos o ultravioletas (UV).

En la Tierra, se pone especial atención en los rayos UV, porque pueden llegar a ser muy dañinos. De acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente de la Ciudad de México (Sedema), durante todo el año se registra una intensidad alta en la radiación solar UV, con un aumento significativo en los meses de marzo a diciembre. Según los datos de esta institución, las horas de mayor intensidad son de 11:00 a las 16:00 horas, cuando el sol alcanza su máxima altura en el cielo. Además, no disminuye con la presencia de nubosidad.

La importancia de estudiar la radiación ultravioleta está en la información que arroja sobre la composición de la atmósfera, misma que cambia constantemente: si la composición física de nuestra atmósfera cambia, muchas otras cosas en el planeta también lo harán; por ello, interesa conocer qué contiene la radiación, y averiguar los efectos que causa en los seres vivos y en la Tierra.

Por lo anterior, un grupo interdisciplinario conformado por especialistas de la Unidad Académica de Estudios Nucleares de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAEN-UAZ) trabajan en cuantificar el nivel de radiación en Zacatecas, compararlo con el de México e investigar los efectos de la radiación ultravioleta sobre las células de la piel de los habitantes de la región.

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Foto: Conacyt

Eduardo Manzanares Acuña, doctor en biotecnología, platicó con la Agencia Informativa Conacyt para dar a conocer que el objetivo de este proyecto es predecir lo que sucederá ante el aumento de la radiación ultravioleta sobre las células de la piel, la cual puede generar tumores; asimismo, ayudará a obtener mayor información para la fabricación de filtros solares adecuados en la industria farmacéutica.

“El deterioro de la capa de ozono (O3) no se debe al cambio climático como algunos consideran, sino a la acción de los clorofluorocarbonos (CFC), compuestos producidos en forma masiva desde la década de los treinta y liberados a la atmósfera accidentalmente o por fugas. El más famoso de los CFC es el freón utilizado en refrigeración. El Protocolo de Montreal prohibió la producción de los CFC, pero como son compuestos muy estables permanecerán en la atmósfera afectando la capa de ozono por décadas”.

Resaltó también que debido a eso, la frecuencia de casos de cáncer de piel aumenta, pues otros factores de control en nuestro cuerpo, como las proteínas de choque térmico que protegen a nuestras células, pueden cambiar su estructura y hasta dejar de funcionar.

Además, de acuerdo con los datos de la Fundación Mexicana para la Dermatología, hasta 2015 se diagnosticaban aproximadamente 16 mil nuevos casos de cáncer de piel en el país, con mayor frecuencia en personas de más de 50 años, aunque la cifra de jóvenes con el mismo padecimiento incrementa. 

Estos motivos hacen de la investigación de los rayos UV una proyecto indispensable, pues permitirá fomentar una cultura preventiva ante los fenómenos de la atmósfera, el cambio climático y el ozono a nivel regional, nacional y global. 

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